Un acercamiento sobre: La Censura, complicidad y alternativa comunicacional en Venezuela

Fuente de la foto: Google
Posiblemente en la actualidad estamos siendo testigos del preámbulo de la ruptura del régimen chavista autoritario-totalitario. Así como también podríamos estar siendo de nuevo engañados por la clase dirigente ”opositora”, quien por un lado sin organizarse calienta las calles y por el otro, se sienta con el oficialismo a negociar determinadas cuotas de poder político y económico. Sin embargo, nuestro análisis en este caso va dirigido hacia otro escenario, el cual evidentemente no puede escapar de los lentes de la Ciencia Política y, precisamente me refiero al de los medios de comunicación o mass-media y su papel fundamental en la coyuntura política venezolana, que si bien durante el siglo XX y principios del XXI jugaron un papel fundamental, hoy en día se ven opacados por la censura, complicidad y el reciente auge de las redes sociales como producto de la globalización.

Los mass-medias han sido herramientas de transformación social en distintas partes del  mundo. En Venezuela no hemos escapado de esto. La radio, prensa y televisión durante el siglo XX lograron influir positiva o negativamente, pero, de manera exitosa en el quehacer socio-político del venezolano. Inclusive, se les amerita un considerable protagonismo en el proceso de democratización bipartidista a principio de los 60’s y del desmantelamiento del mismo a finales de los 90’s. Otro caso que no puede escapar es el del impulso mediático que le dieron a Chávez para que este lograra la conquista electoral del poder político del Estado en el año 1998. Por lo tanto, es explicita la participación de los mass-medias en la constante evolución e involución de nuestra cultura política en pro de la construcción de “Orden democrático”. 

Ahora bien, con la llegada de Chávez al poder y la consolidación de su proyecto militarista ”revolucionario” que en los primeros años demostró la actitud autoritaria-totalitaria que siempre lo identificó, dio pie a que los medios de comunicación empezaran a ver un enemigo en donde anteriormente vieron un aliado. De tal manera que, la critica hacia los abusos del poder ejecutivo dentro del manejo del Estado no se hizo esperar, y la respuesta por parte del régimen cargada de censura y ataques violentos hacia los medios de comunicación tampoco fue una excepción, llegando al limite en que se generó un progresivo cierre de emisoras, periódicos y un canal de televisión (el polémico cierre de RCTV en 2007). 

Asimismo, el asedio contra los mass-medias también significó otro proceso de desarticulación de estructuras disidentes (el primero fue dirigido hacia los partidos políticos tradicionales y no tradicionales del siglo XX que ahora estaban en la oposición) que buscaban llenar el vacío que el andamiaje partidista no lograba ocupar producto de su declive ya mencionado. Quedando en evidencia, pues, que el ejercicio de prensa critica durante la presidencia de Chávez empezó a correr peligro y que la sociedad venezolana perdería otro espacio de participación política.

Dicho esto, es evidente que hasta el sol de hoy la persecución contra los medios de comunicación sigue siendo la misma bajo la presidencia de Nicolás Maduro, que no es más que la continuación de las políticas de Hugo Chávez y a quien un amigo ha considerado como ”El residuo político” dejado por este ultimo en la presidencia del país. Sin embargo, es menester mencionar que aunado al fenómeno de censura, se ha generado también el de la complicidad de algunos medios televisivos (Venevisión, Televen y Globovisión) con el desgobierno. Ya que los mencionados han ido reduciendo con el paso de los años la cobertura a acontecimientos que reflejan el repudio hacia la mal llamada ”revolución bolivariana”, para no poner en peligro sus concesiones e influencia en el imaginario social del venezolano. Asimismo, quien intente buscar información sobre las protestas y comunicaciones disidentes en el presente dentro de los medios de  comunicación tradicionales, se encontrará con un gran desierto oscuro y será observador de lo ya expresado anteriormente.

Si bien la gran ola de censura y complicidad ha producido la perdida de espacios de participación política, los venezolanos han aprovechado el auge de las redes sociales para contrarrestar el vacío de información de la actualidad. Twitter y Facebook han funcionado como espacios de debate y herramientas para la convocatoria de manifestaciones a nivel nacional y regional por parte de partidos políticos y movimientos sociales. El uso de estas redes ha significado la transformación de la esfera pública, así como también el paso a realizar otra forma de hacer política. Estaría de más decir que Venezuela no escapa de uno de los efectos de la globalización. Sin embargo, la poca inversión en el mejoramiento del servicio de internet (En el país se cuenta con una velocidad de navegación paupérrima y un porcentaje de la población no tiene acceso al mismo) por parte del Estado venezolano ha producido que dicho fenómeno no termine de cristalizar a las redes sociales como fuentes principales de información y así estas logren desplazar a los medios de comunicación tradicionales. 

Para concluir nuestra visión de los fenómenos expuestos aquí, quedaría por determinar que los medios de comunicación en Venezuela han padecido un proceso de auge y declive a lo largo y ancho de nuestra ya muy ”normal” coyuntura política. Su considerable influencia en la esfera pública ha generado que sean considerados como agentes de cambios sociales durante el proceso de ”democratización” del siglo XX, pero su doblegación con el paso de los años ante el desgobierno chavista los ha movilizado a la categoría de ser tildados por una parte de la opinión pública como ”traidores” o ”cómplices” de los abusos por parte del ya mencionado, que como mencionamos al principio, se encuentra en el preámbulo de su posible ruptura. Las redes sociales han aparecido y cada día avanzan más contra la censura y complicidad, pero tomará tiempo su consagración. Por lo tanto, queda de parte de los venezolanos aprovechar los pequeños espacios de participación política que nos quedan para llevar a cabo un proceso de transición que nos lleve hacia la reestructuración de nuestras instituciones democráticas.

NOTA: El siguiente análisis es producto de la interpretación de los acontecimientos socio-políticos que se han producido en los últimos años en Venezuela relacionados a los medios de comunicación. Todo lo esgrimido en el presente está abierto al debate.

BIBLIOGRAFIA

Beas, D. (2010). La Reinvención de la  Política. Caracas, Venezuela: Ediciones PUNTO CERO.

Garcia, F. (2004). Medios y Política en Venezuela bajo la Revolución Bolivariana. Revista Venezolana de Ciencia Política, 26, 75-99

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¿Sorprendidos por inocentes?

Chuo Torrealba y Nicolás Maduro se dan la mano.

La MUD y el PSUV vuelven a jugar de nuevo con las necesidades de sus militantes y no militantes, para hacer ver que la gran crisis de gobernabilidad que atraviesa el país, se puede resolver en una serie de diálogos (cortina de humo). Diálogos que por cierto, no reflejan los intereses de la mayoría de la población, sino los de las estructuras partidistas que desde finales de los 80’s están bastante alejadas de políticas populares que atiendan el modo tan paupérrimo en que viven los venezolanos.

Queda en evidencia también la búsqueda de un pacto MUD-PSUV, que si bien fue imposible durante el mandato de Hugo Chávez debido a su acaparamiento del poder desde el tren ejecutivo. La MUD con Maduro mas que un aliado, ha encontrado un hermano para repartirse entre ellos las distintas parcelas de poder político-económico con sus aliados que son: el empresariado privado (fieles vividores de las divisas para la importación) y la institución militar (los capataces de la administración pública), para así generar un “ambiente de estabilidad” dentro del sistema.

Por lo tanto, esta dosis de sedante social que hoy le aplica la falsa oposición en conjunto con el gobierno militarista a la población venezolana, nos deja de manera explicita que la clase política en Venezuela se mantiene y mantendrá alejada de las demandas que emanan de la sociedad.